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Es inútil, lo sabemos, hablar hoy de Nivaria Tejera. Cuatro patrias tuvo ella: Cuba, Canarias, Paris y el exilio, pero que en realidad fueron una sola, la literatura. Inútil hablar de su “estilo híbrido alejado de narrativas comerciales y tendencias literarias”; de la escritora que no distinguía entre poesía, novela y ensayo. Inútil, cierto, decir que fue la primera mujer en ser galardonada con el Premio Biblioteca Breve de Seix Barral, en 1971, por su obra Sonámbulo del sol. Inútil buscar sus primeros poemas públicados en Orígenes y Ciclón, su novela El barranco editada en La Universidad Central de Villa Clara por Samuel Feijoo; indagar sobre sus artículos en Lunes de Revolución. Inútil conocer que desde su salto a la Rueda del Exiliado, solo le quedó la escritura, la memoria y caminar con sus amigos por las calles de Paris( los pocos que la sobreviven aún recuerdan esos paseos). Así, aun quedan Los párpados y el polvo de Nivaria en La Calle, para reafirmarle otra vez a la gente menuda que es “inútil aprisionar una estrella que continúa ardiendo”. 📌@HorizontesBlog