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No es cualquier pensamiento, ni es cualquier premio. No es cualquier pensamiento crítico. Porque también hay algún pensamiento crítico que en estas circunstancias históricas no es compatible con el nombre del Libertador Simón Bolívar. Hoy día un pensamiento crítico alineado con la visión de nuestro Libertador es un pensamiento crítico que se pone al lado de las más nobles causas de la humanidad y que jamás se pone al lado del opresor, al lado del imperialista. Es un pensamiento crítico para la transformación, para la descolonización. De modo que es un gran compromiso, mi querido Pablo, recibir ese premio en estas circunstancias. Bienvenida sea la crítica incluso al pensamiento crítico, porque el pensamiento crítico ¿para qué es? ¿Para encontrar mi rinconcito en el capitalismo y lograr mi propia supervivencia y de los míos, mientras el imperialismo hace de las suyas y masacra a Palestina y cerca a Venezuela e intenta asfixiar a Cuba? ¿O es un pensamiento crítico para ponerse en la primera línea del combate frente a los enemigos de la humanidad? Bienvenidas sean las críticas de todo tipo, pero no se puede ejercer la crítica sin esperar que nunca haya una crítica hacia nosotros mismos. Decía Juan Vives Suriá: “recuerda que cuando señalas a alguien con un dedo, tienes tres dedos señalándote a ti primero”. Esto, mi querido Pablo, nos compromete a que no vuelva nunca jamás a haber un vacío en la convocatoria y entrega de este premio. Yo no juzgo las circunstancias que impidieron que en su tiempo lo convocáramos, lo organizáramos. No voy a hacer aquí un ejercicio de autoflagelación. Lo que sí debemos hacer es un compromiso para que este premio se mantenga en cualquier circunstancia, porque en cualquier circunstancia necesitamos la batalla de las ideas, la producción de pensamiento. Todo lo demás es instrumental. Todo lo demás son trampas que el propio sistema nos pone con su lógica para impedir nuestro avance en la batalla de las ideas. Yo quiero compartir con ustedes la felicidad que hoy tiene el pueblo de Venezuela por la celebración del Día de la Virgen de Coromoto y de la Virgen del Valle. Ah, ¿que la religión es el opio de los pueblos y que ha servido de mecanismo para la dominación? Cierto, es verdad. Pero la Revolución Bolivariana reconoce el aspecto espiritual en la vida de los pueblos que no puedes perseguir, que no puedes desconocer, que tienes que incorporar. Esa es parte de nuestra muy humilde experiencia que ponemos al servicio del resto de los pueblos. “¿Por qué no unirse y por qué si ya se unieron el fusil y el evangelio en las manos de Camilo?”, nos cantaba Ali Primera. Nuestros pescadores y los pueblos de Margsrirs y todo el oriente venezolano están celebrando hoy a la Virgen del Valle. En el Zulia veneran a la Chinita y hasta los maracuchos más ateos celebran el Día de la Chinita. En México, según entiendo, algunos revolucionarios se proclaman marxistas, leninistas y guadalupanos, por la Virgen de Guadalupe. Cierta vez estuve en Santiago de Cuba —en pleno periodo especial— y tuve la ocasión de visitar la basílica de la Virgen de la Caridad del Cobre, que también se celebra hoy 8 de septiembre. En aquella basílica me sorprendió ver ofrendas de creyentes que eran las gorras militares, las insignias de integrantes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba, que eran marxistas, leninistas, fidelistas e iban allá a rendirle tributo a su Cachita, como allá la llaman. Ahora en el aeropuerto de La Habana hay una gran obra con un mensaje de la Cachita. Hermanos, el pensamiento sin emoción es inútil. Abramos también la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad a esos espacios que nos hacen seres sentipensantes. Veamos los sentimientos de nuestros pueblos. No se los regalemos a la derecha ultramontana, al fascismo. Nosotros también, por ejemplo, nos emocionamos con la idea de la Patria. En un tiempo eso era blasfemia, porque siendo internacionalistas, ¿cómo defendíamos la nacionalidad o el concepto de nación?