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LA SONATA PARA PIANO N.º 8 EN LA MENOR, K. 310
La Sonata para pianos n.º 8 en la menor, K. 310 (300d) de Wolfgang Amadeus Mozart fue compuesta en París en 1778, cuando Mozart tenía la edad de veintidós años. Pese a su juventud ya había transformado rápidamente su estilo y sus ideas, como deja traslucir esta obra, que podemos contar entre lo mejor del Mozart joven.
Esta sonata en la menor es la primera de las dos únicas sonatas para piano que Mozart compuso en una tonalidad menor (la otra es la n.º 14 en do menor, K. 457).
La composición consta de tres movimientos, según el esquema clásico rápido-lento-rápido:
🎵I. Allegro
🎵II. Andante cantabile con espressione
🎵 III. Presto
Primer movimiento
El primer movimiento “Allegro maestoso” muestra una gran autonomía, y una verdadera riqueza de inspiración. Se ha señalado como sus modelos a Johann Schobert o Hullmandel, pero la personalidad mozartiana se impone verdaderamente a ellos.
El desarrollo está elaborado sobre fragmentos motívicos de la exposición intensificando las polaridades armónicas y retrasando a su vez las resoluciones de las cadencias mediante secuencias de modulaciones. Cabe destacar que Mozart en esta sonata expande el primer movimiento repitiendo la exposición y desde el desarrollo hasta el final del primer movimiento para contrarrestar el extraordinario impacto del movimiento n.º 2 “Andante” ya que, como se ve en otras sonatas, los movimientos lentos en muchas de las sonatas de Mozart funcionan como el verdadero centro de gravedad de la obra.
Segundo movimiento
En muchos de los adagios y andantes de Mozart existe una característica: una calma, una contemplación, o una condición estática que nos deja entrever un estado de preocupación. Este tipo de patrones dramáticos se pueden observar en la Sonata en la menor (KV 310).
El movimiento lento está marcado como “andante con espressione”, una idea que intenta describir la sección que abre de manera expresiva. Los sentimientos como el alivio o el arrebatamiento están reforzados por medio de una pausada y paciente repetición de toda la primera sección. Pero ahora, sin elevar su voz o acelerando su paz, Mozart abre una trampa y por ella inunda de perturbación y poderes desestabilizantes, tratando de aniquilar todo lo anterior.
Tercer movimiento
El tercer movimiento “Presto”, de marcado carácter rítmico, cierra la pieza, y su modo menor le presta mayor densidad expresiva, algo de excepcional y de particular, como ocurre siempre que Mozart emplea una tonalidad de estas características.
Frente a las convenciones de una época que esperaba un final feliz, Mozart se precipita de cabeza a la desesperación, cuyas reverberaciones se escucharán más tarde en Beethoven e incluso en Chopin. En una carta a su padre informándole de la muerte de su madre, Mozart escribió: "He sufrido y llorado bastante, pero ¿de qué sirvió?" Hay desesperación en esta música.
@ClasicaAlAtardecer